viernes, 2 de febrero de 2018

Cecilio Acosta, bicentenario de la civilidad y la periferia



 Horacio Biord Castillo.-

Hoy, primero de febrero de 2018, es un gran día para la patria, para lo más hondo y entrañable de la patria, un día grande para la patria civilista, para la patria de las bellas letras, para la patria de la institucionalidad, el derecho y la reflexión social, para ese terruño fértil aunque constantemente amenazado de la decencia y la bonhomía, de la alteza de miras. Hoy, un día como hoy hace doscientos años, nació en un pueblo llamado San Diego, antaño floreciente, hogaño deprimido, un párvulo (como reza la partida del bautismo administrado dos días después, el tres de febrero de 1818) que llegaría a ser un justo entre los justos. Ese Cecilio Juan Ramón del Carmen sería andando el tiempo un grande entre los más grandes varones de la patria venezolana, que no es más que un pedacito fecundo de la patria hispanoamericana y de la patria iberoamericana que la engloba, sin renunciar al carácter latinoamericano, como en un juego de identidades que se superponen, cual cajas chinas y filigranas amerindias.
“Ha muerto un justo: Cecilio Acosta ha muerto”, escribió en julio de 1881 Jose Martí. Ese justo, en las palabras del gran polígrafo, se distinguía por su “cabeza altiva, que fue cuna de tanta idea grandiosa”, por “aquellos labios que hablaron lengua tan varonil y tan gallarda” y “mano que fue siempre sostén de pluma honrada, sierva de amor y al mal rebelde”.
Hoy, sin embargo, tantos años después, no se puede dar por cierto que un hombre justo, con una mente excepcional que sirvió de “cuna de tanta idea grandiosa”, dueño de una “lengua tan varonil y tan gallarda” y un escritor “de pluma honrada, sierva de amor y al mal rebelde” haya muerto de verdad. No. La patria lo necesita, lo necesita vivo, como a Bolívar, como a Miranda, como a Páez, como a Bello, como a Gallegos, como a Guaicaipuro, como al Negro Miguel, como a José Gregorio Hernández, como a Teresa Carreño, como a José Antonio Ramos Sucre, como a Teresa de la Parra, como a Andrés Eloy Blanco, como a las Negras Hipólita y Matea, que prestaron la leche bendita de sus pechos para criar la patria que por ello resultó bendecida.
A Cecilio Acosta no lo podemos contar entre los muertos y menos ahora, cuando se hacen más actuales sus advertencias sobre la turbulenta vida social y política que ayer como hoy nos precipita por insondables abismos. A Cecilio Acosta no lo podemos dejar olvidado en el Panteón Nacional como si de verdad estuviera, vuelve a decir Martí, hueca y sin lumbre su cabeza altivamudos sus labios yerta aquella mano que empujó el pesado carro de la dignidad frente a los tiranos y mediocres.
A Cecilio Acosta lo debemos sacar de ese ataúd perfecto de los héroes santificados, como justificación, por el despotismo. Don Cecilio, niño, joven, sabio en su impoluta madurez, debe caminar por las veredas verdirrojas de su patria chica de San Diego de Los Altos, por los caminos ahora otra vez polvorientos y acongojados de su patria venezolana y por el sueño anfictiónico, todavía posible, de la patria grande y de la más grande aún que nos convoca con las mismas voces de caballería que escucharon Babieca y Rocinante en la meseta castellana. Don Cecilio no puede ser desprendido de Venezuela, de Colombia, de Chile, de España, de tierra alguna donde se agradezca con un amable “gracias”.
Don Cecilio ha de ponerse otra vez, agrandados, esos zapaticos de oro que le atribuyen en Guareguare, caserío de San Diego de Los Altos que aún se disputa su cuna, y encontrar, por generosa donación de tantas generaciones de venezolanos, el dinero para enviar todas las cartas y escribir todos los libros que nos haya de mandar o dedicar.
Don Cecilio no ha muerto, sino que acaso doscientos años después, vuelve a nacer en un país que otra vez tembló de pavor, que otra vez tiembla de pavor. Necesitamos, seguimos necesitando, su voz y su ejemplo. Solo así podremos desovillar la maraña que esconde el hilo para salir del laberinto y burlar al monstruo de mil caras y mil manos que lo custodia y somete, burlándose del barro del que no solo estuvo sino que está hecho don Cecilio: el barro del pueblo, el barro de la pobreza, el barro de la sabiduría y la nobleza.
Cecilio Acosta fue un hombre de periferias: nació en una pequeña población aledaña a Caracas, fue pobre de solemnidad, vivió en un país visto como periferia de centros mundiales de poder y, dentro de él, pertenecía con orgullo a la periferia de los justos, de los alejados del poder, de los mancillados por el modo caudillesco y militarista de conducir el país. Héroe de esa paradójica periferia de la civilidad, Acosta no reclama por sí mismo su puesto entre nosotros, humilde como fue el sabio. Somos nosotros, los venezolanos del siglo XXI que todavía no fructifica en nuestros suelos, quienes lo precisamos para que, como tanto aconsejaba él, nos beneficiemos de la luz que se difunde en vez de enceguecernos con la que se concentra en forma avasallante, indebida, indecente, petulante.
Reclamemos a Cecilio Acosta como signo y símbolo de la Venezuela civilista, de la patria buena donde, cual diría Rómulo Gallegos sobre el Llano, “una raza buena ama, sufre y espera”. Y esa espera la puede iluminar un justo como Acosta, un hombre que no sucumbió ni en las garras asesinas del poder ni en la genuflexión obscena y lucrativa ante los caudillos que se creían ilustres en las Américas e inmortales entre los mortales, llamados −pensarían− a ser saludados como César.
Los verdaderos inmortales son los hombres como Cecilio Acosta, aquellos que, cual señaló Martí, cuando alzan el vuelo tienen limpias, muy limpias, las alas y, añado yo, las manos sin rastros de sangre, codicia o venganza.

Horacio Biord Castillo

Escritor, investigador y profesor universitario

Presidente de la Academia Venezolana de la Lengua
Director de la Academia de la Historia del Estado Mi

martes, 28 de noviembre de 2017

Adhesión al homenaje rendido en Ciudad Bolívar a Milagros Mata Gil


Como presidente de la Academia Venezolana de la Lengua deseo llegar la adhesión institucional de la corporación al homenaje que se le ha preparado en Ciudad Bolívar a la notable escritora y miembro correspondiente de esta academia por el estado Bolívar, doña Milagros Mata Gil. Constituye un honor para la corporación saber que uno de sus miembros más destacados sea honrada en su tierra, tierra de tanta historia, de tanta tradición, de tantos blasones antiguos y recientes.
Como amigo de muchos años, lector y admirador de la obra de Milagros Mata Gil quiero reconocer en ella a una extraordinaria mujer, de gran sensibilidad humana, de extraordinaria capacidad para captar detalles y claroscuros, sombras y matices más allá de la región pura de la luz y sus reflejos. Todo ello le ha posibilitado, por un lado, plasmar una obra narrativa rica en visiones ficcionalizadas de la realidad y, a la par, un conjunto de ensayos no menos meritorios por su agudeza interpretativa.
Sin duda, sus novelas La casa en llamas y Mata el caracol, ambientadas ambas en Ciudad Bolívar, nos ofrecen interpretaciones ficcionales de la gran urbe angostureña, de su cotidianidad, de sus quietudes y borrascas.
No puede ser menos oportuno y justo este reconocimiento a Milagros Mata Gil de Carnevalli Villegas, mi querida marquesa viuda de Villegas. Deseo sumarme a él y adherir mi corazón y mis más profundos sentimientos guayaneses a quien (como el río que atraviesa la región y se alimenta de tantos otros ríos y permite el tránsito del naciente al poniente y de la aurora al crepúsculo de la tarde y a la noche aguda de estrellas poblada) ha narrado voces e historias ínfimas que se hacen con fuerza raudal y tepui, roca y gota de agua.
Horacio Biord Castillo

San Antonio de Los Altos, 27 de noviembre de 2017

lunes, 27 de noviembre de 2017

Programa Día del Escritor

PROGRAMA DÍA DEL ESCRITOR
Compromiso del Candidato  Julián Briceño con la restauración de a Casa de J. M Agosto Méndez y los artistas de Ciudad Bolívar
Jueves 30 de noviembre, 2017. Lugar Casa J. M Agosto Méndez frente a CLEB, Ciudad Bolívar, Casco Histórico

Hora: 9:00 am Palabras de la escritora, Teresa Coraspe, miembro de la Asociación de Escritores, seccional Bolívar
         9:10 am Manifiesto a cargo del poeta Néstor Rojas.
         9:15 am Palabras a cargo de la hija del poeta J. M Agosto Méndez, Profa. Maruja Agosto.
         9: 20 am Intervención del Candidato Julián Briceño.

         9: 25: Caminata  por el casco de la ciudad-

domingo, 9 de julio de 2017

Casa Agosto Méndez



Esta Casa que hoy vemos en ruinas (frente al Palacio Legislativo) fue donada por la comunidad bolivarense, mediante colecta, al médico José Manuel Agosto Méndez por sus 50 años de grandes y  nobles servicios a la Medicina.  Además, autor del Himno del Estado.  25 Años al servicio de los intereses públicos. Autor de 17  Libros.  Director de Hospitales. Presidente de la Cruz Roja  Secretario General de Gobierno.  Presidente del Concejo Municipal durante 15 años.  Diputado y Senador del Congreso Nacional, Director fundador  de la Revista Horizontes. Director fundador de la Gaceta Médica. Venerable Maestro de la Logia. Diputado varias veces de la Asamblea Legislativa y Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de la Historia.   Llegó a la senectud, a pesar de tantos cargos, sin vivienda propia para su familia, por lo que la comunidad bolivarense le donó esta casa que compraron en 1998 los escritores del Estado bajo la promesa de que sería restaurada por la Oficina Técnica del Casco Histórico dependiente de la Gobernación, por ser patrimonio cultural de la ciudad. Pero por falta de continuidad administrativa no ha sido posible hasta ahora. Los escritores siguen esperando por su sede para honrar la memoria del autor del Himno de Guayana.

jueves, 8 de diciembre de 2016

EL DESAPARECIDO RADIO CLUB DE CIUDAD BOLÍVAR



José Luis Cestari Villegas
Pues sí, mis amigos, en Ciudad Bolívar existió un Radio Club. No vayan a creer que era un club que agrupaba a unos cuantos que tenían radios para escuchar la novela de “Martín Valiente”. Era bastante más que eso…era un club de radioaficionados.
La radioafición fue la precursora del internet. Un radioaficionado es una persona que se comunica con el mundo entero a través de su transmisor-receptor de radio. Por supuesto, conoce de antenas, equipos, circuitos, código morse, código Q, etc. Es increíble lo que estudia un radioaficionado. A mí no me aplazaron en el exámen porque me dijeron algunas preguntas mis fraternos Iván Croes, su esposa Maby Natera y José Gregorio Mora. Lo digo sin vergüenza alguna, porque era yo un joven médico con una carga laboral demasiado grande y a veces no podía asistir a las clases, las cuales se llevaban a cabo una o dos noches a la semana –durante varios meses- en un amplio espacio del Orfanato Bolívar. Todos ellos sabían el importante esfuerzo que yo hacía para hacerme radioaficionado, y por eso me ayudaban. Cosa que no olvido. Sobre todo cuando veo el carnecito con mis siglas, YV6-ESA.
Pero mi experiencia como radioaficionado es nula. Nula porque nunca ejercí el oficio. El excesivo trabajo médico no me dejaba más que unas horas para descansar. Y, además, mi exiguo sueldo hospitalario de Bs.2.875 no me permitía comprar los equipos necesarios. Siempre que iba a Caracas visitaba los establecimientos donde vendían equipos para radioaficionados, y allí pasaba horas y horas…mirando…preguntando…y siempre pensando: -“Algún día…cuando tenga unos realitos…”
La historia que hoy les traigo no es la mía. Era yo aún muy niño cuando mis padres, familiares y amigos entraron a la radioafición. Hace algún tiempo llamé a mi primo Orlando Botello para saludarlo, y él me corroboró memorias que ambos compartimos sobre el tema; pero me informó, además, que él se inició primero que mis padres en la radioafición, en Caracas, estimulado por don Pedro Victorio León, padre de su esposa Isabel. Por cierto, no podré olvidar nunca el curso de radioaficionados en el cual se graduaron mis padres y mis tíos Vicente, Gisela y Rosita…y a lo mejor alguien más…creo que nuestro primo Hugo Laprea. No sé los demás, pero al menos mi mamá se llevó su chuletica, por si las moscas (vale una sonrisa).
Mi papá le regaló a mi tío Vicente los equipos, uno para la casa de San Fernando y otro para el hato. Marca “Ranger”, recuerdo. Se quedó mi papá con otros que recién había comprado, un “Barker & Wiliamson” y uno que llamaban “Five Hundred”, no recuerdo la marca. El sitio de la casa destinado a la radioafición era el último cuarto de la casa, contiguo a la mata de mango y cerca de un gigantesco poste rojo rematado por una antena direccional, que manejaba desde dentro con un “rotor”.. A ese sitio mis padres lo llamaban “el shack”, que lo que significa es “choza”. Ignoro el por qué le pusieron ese nombre. Allí, en ese “shack”, se formaban las grandes “ruedas”(rueda es un grupo de radioaficionados que están en igual frecuencia, hablando): un domingo en la mañana, por ejemplo, era ya cotidiano escuchar a alguno de mis padres: -“CQ Paris…o CQ Dinamarca…o Estados Unidos…o un hato lejano en el Capanaparo…o una estación mobil llegando a la cueva del Guácharo. La cantidad de amigos a nivel mundial que hace un radioaficionado pudiese equipararse a cualquier usuario de Facebook o Twiter. Con la ventaja de que las ondas de radio viajan de forma universal…y no dependen de los caprichos de la compañía de teléfonos o del dictador de turno. Tiene otras ventajas, entre ellas que las conversaciones en “single side band” no podían ser escuchadas por nadie más, solo los interesados. No habían “hackers” que amenazaran la privacidad de los radioaficionados.
En Ciudad Bolívar se fundó el Radio Club Venezolano, Seccional Bolívar. Pedro Victorio León, Auristela León, los hermanos José Miguel y Raúl Arreaza, Margot Azanza, Orlando Botello y mis padres –seguramente algunos otros- lo integraban. Se reunían en casa de José Miguel Arreaza y su esposa Clara, grandes amigos de mi casa. A veces los visitaban amigos de Caracas u otros estados…Armando Díaz y familia, con quienes llegamos a ser como hermanos. Recuerdo las reuniones semanales en el hogar de los Arreaza…cómo olvidar los tequeños y bolitas de carne que preparaba doña Clara…una vez hizo unos buñuelos con miel, fenomenales! Esthercita, su hija menor, era bebé, andaba por ahí con una muñequita…hoy día, ella y su esposo Pedro Alcocer son nuestros fraternos amigos aquí en los Estados Unidos. Les estamos muy agradecidos por sus amorosas atenciones. Cosecha feliz del Amor.
Lo del Radio Club no era más que un pretexto para socializar, para pasarla bien. Compartir las gratas experiencias de la comunicación hertziana era tan sólo uno de los ítems. Grandes amigos se hacen a través de la radioafición, como grandes amistades se logran a través de Facebook. Importantes beneficios a la comunidad prestan los radioaficionados, al igual que los Leones, Rotarios u otro club de apoyo y servicio, generalmente filantrópico.
Cualquier iniciativa gregaria que pueda unir a la gente en propósitos comunes es buena. Pero sin la política. Aunque ella constituye –en teoría- una rama de la moral que se ocupa de la actividad, en virtud de la cual una sociedad libre, compuesta por personas libres, resuelve los problemas que le plantea su convivencia colectiva, en la práctica –con las excepciones del caso- se usa para dividir a los seres humanos. Para enfrentarlos. Para que se odien. Ninguno de esos clubes de ayuda y bienestar social debería ser infectado por la política, so pena de que desaparezcan en el lago hirviendo de los más inútiles enfrentamientos.
En lo personal, creo que la radioafición no debería desaparecer. Hay zonas donde no hay comunicación por internet, y debería ser disponible prestar cualquier ayuda a través de los radioaficionados.
Por último, les digo, haciendo uso de nuestro Código Q:
”CQ…CQ…Venezuela está QRJ…esperemos que pronto queden QRT los tiranos de turno y hagan QSY con sus QRM a otro QRC….estamos QRV y seguimos QAP…Roger.”
Se anexa Código Q para su saber y entender. Creo que es más fácil que hablar en “cuti”.

jueves, 1 de diciembre de 2016

EL DIA DEL ESCRITOR



El 29 de Noviembre de 1989 se juramentó la Junta Directiva de la Asociación de Escritores de Venezuela, Seccional Bolívar, que tuvo la iniciativa de legalizarla después de 22 años de fundada.  En efecto, fue fundada en 1967 por iniciativa de Mimina Rodríguez Lezama, José Sánchez Negrón, Elías Inaty y Mercedes Quiroga, entre otros, y se mantuvo intacta con jurisdicción en todo el Estado hasta 1988 cuando los miembros residentes en la Zona del Hierro resolvieron fundar la Seccional de Ciudad Guayana, bajo la presidencia del poeta Alis Darnot. Pero como institución civil de carácter gremial sin fines de lucro, con personería jurídica y patrimonio propio, no fue registrada sino el 16 de mayo de 1990 por gestión de la Junta Directiva electa en 1989 y reelecta el miércoles 7 de noviembre de 1990. Esta Junta Directiva ratificada para un segundo período y la cual se juramentó el 29 de noviembre, aniversario del natalicio de don Andrés Bello y, por lo tanto, Día del Escritor, la conformaron: Presidente, Elías Inaty; Secretario General, Américo Fernández; Secretario de Finanzas, Mercedes Quiroga; Secretaria de Actas, Iris Aristeguieta; Secretario de Cultura, Reinaldo González; Vocales, Guillermina Rodríguez Lezama (Mimina) y Diógenes Troncones Sánchez. Tribunal Disciplinario: Horacio Cabrera Sifontes (Presidente), Teresa Coraspe y Abraham Salloum.
De acuerdo con el registro, la  AEV asienta que no persigue otros fines que no sean el de trabajar por el más amplio desarrollo de la cultura, en particular de las letras; por la elevación de las condiciones sociales y económicas del escritor y por la defensa de sus derechos y de las libertades públicas … Se entiende por escritor todo creador intelectual, con obras escritas, no necesariamente publicadas, que respondan a exigencias estéticas y admita calificación literaria, científica o humanística.
La asociación de escritores, fue fundada por intelectuales venezolanos que proclamaron el 29 de noviembre como su Gran Día para de esta manera honrar a don Andrés Bello, notable filólogo, poeta, educador y periodista nacido en Caracas en 1781 y fallecido en Chile en 1865 donde destacó como Rector de la Universidad de Santiago durante 22 años.
Andrés Bello fue además el primer redactor de la Gaceta de Caracas, autor del código civil de Chile, de la primera antología americana, de la biblioteca y el repertorio americano, traductor del Sofocles, Eurípedes, Virgilio y Homero.
Podríamos decir entonces que con Andrés Bello nace en Venezuela esa pasión por escribir en el sentido más enaltecedor de la investigación y la creación literaria.
Correspondió al antropólogo Miguel Acosta Saignes ser el primer presidente de la Asociación de Escritores de Venezuela, seguido por notabilidades como Arturo Uslar Pietri, Díaz Sánchez, Luis Pastori, Pascual Venegas Filardo, Rómulo Gallego, José Ramón Medina y otros que serian largo enumerar pero que le dieron a la Asociación el cuerpo y la solides gremial que conforman  24 seccionales en las cuales militan 1400 escritores.
En 1989 es realmente cuando la AEV de Bolívar  toma cuerpo, impulso, solidez, y logra un subsidio del CONAC de 250 mil bolívares, el cual se multiplica con la actividad gremial hasta formar un fondo editorial que le permitió publicar los siguientes  libros “Rumor de la memoria", de Elías Inaty; “Ventana al Sol”, de Iris Aristiguieta; “La Selva, Protagonista de la novela Canaima” y La Casa de Piedtras, de Diógenes Troncones; “Este Silencio Siempre”, de Teresa Coraspe y “Héroes y Espantapájaros” de Mimina Rodríguez Lezama. y Relatos de José Luis Cestari De igual manera, la revista “La Palabra”, de la cual circularon 3 números, sustituida en 1992 por la revista “Urinoko”, con la cual la publicación aevista modificó el formato y mejoro la calidad, gracias a la colaboración de la periodista y escritora bolivarense Albor Rodríguez y el diseñador Iván Castillo.  En los últimos años ha sido imposible editar nuevos libros de autores guayaneses debido a la crisis que mantiene prácticamente arrinconado a los escritores guayaneses y su sede propia que es la casa que perteneció al poeta Agosto Méndez, no ha podido ser restaurada por incumplimiento del Gobierno Regional responsable del programa de revitalización del Casco Histórico proclamado Monumento Público Nacional.
Debemos decir que la AEV, seccional, tuvo el privilegio de ser anfitriona de la Primera Convención Nacional de Seccionales, realizada en Ciudad Bolívar los días 18, 19, y 20 de agosto de 1973, siendo presidente el poeta José Sánchez Negrón a la cual asistieron delegados de 15 seccionales, para debatir como materia principal lo que entonces era preocupación de los intelectuales venezolanos: la Ley sobre Derecho de Autor que databa del mes de noviembre de 1962, en sustitución de la Ley de Propiedad Intelectual del 13 de junio de 1928.
En esa ocasión dijo el doctor José Ramón Medina, presidente de la Asociación de Escritores de Venezuela que se había escogido a Ciudad Bolívar como sede de la primera convención, “por muchas razones, entre ellas, precisamente porque aquí palpitan las costumbres venezolanas desde las más anchas tradiciones históricas, porque Ciudad Bolívar no solo recoge el homenaje y el mensaje del gran hombre- el padre de la patria- sino porque aquí además está centrado el pasado, el presente y el futuro de Venezuela.”
En el acto inaugural le fue impuesta la medalla del escritor a los intelectuales bolivarenses de Lucila Palacios, Luz Machado y Héctor Guillermo Villalobos.